Despues de despedir a Laura y a Hugo en Chamartin. Llamé a José Luis para tomar algo en La Latina. La verdad, ir andando por el Rastro con 36 a la sombra, a las 11 a.m., es de locos. Nos metimo en un bar, y comprobe con estupor que no nos daban la tapita gratis de rigor, a partir de ese momento decidí no volver a pisar nunca más aquel antro. No fue la única razón por la que no volveré. Es la manera en que te dan la bienvenida: simplemente no nos la dierón. Hay bares en que, no se porque, pero te sientes transparente. Cojes un taburete, te sientas te miran sín verte, se acupan secando vasos, y no te atienden hasta que les llamas la atención. En cuantos sitios nos ha pasado. Sitios en los que nada más entrar deseas marcharte y se te quitan las ganas de consumir. Parece un detalle pero eso dice mucho de Madrid.
Un día en calle Arenal, entramos en una cafeteria tipo Jamaica calle Arenal Laura y yo, a parte de no ser atendidos despues de 20 minutos, tuvimos que soportar a un grupo de turistas ruidosos y poco educados que invadieron nuestro espacio vital para pedir bocadillos. Por armarla los atendieron antes que nosotros. Ante tal vejación, la única manera digna de protestar fue simplemente irnos con el estomago vacío, pero no sín darle las gracias al camarero por no atendernos.

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